Elixires y Conciencia




“La búsqueda de elixires capaces de expandir la conciencia y rejuvenecer el cuerpo, pues, viene ligada al taoísmo y al budismo tántrico desde tiempo inmemorial. Los preparados alquímicos a base de sulfuro de mercurio pertenecen a las dos tradiciones señaladas, tanto como la utilización de hongos alucinógenos. Se sabe que los primeros siddhas tántricos (maestros iluminados de esta tradición) usaban la Amanita para sus elaboraciones alquímicas, para la búsqueda de sus elixires de la inmortalidad, y un texto del siglo VIII, el Vima Nyingik ade
(el corazón de la secreta esencia de Vimalamitra), describe varias cociones de sustancias capaces de alterar los estados de consciencia, incluidas la datura y la adelfa, con las cuales podían elaborarse píldoras para ingerir, o de cuya cocción podían ponerse algunas gotas en los ojos para inducir a una visión que iluminara lo que permanece oculto a la psique. No obstante, sabido es que dichos preparados sólo surten el efecto deseado siempre y cuando se ingieran para verificar las prácticas del yoga tendente a recuperar las energías subyacentes en el cuerpo y la mente del practicante, que son el auténtico elixir vitae, esa misteriosa secreción de la glándula pineal llamada amrita, o néctar, que a menudo se manifiesta en esferas luminosas”
Ian Baker
Del libro “El corazón del mundo”
“Sufismo es pertenecer ante la puerta del Amado,
aunque te echen”
Rudhabâri

“La experiencia mística podría ser definida de manera muy sencilla como la experiencia en la cual al relación sujeto-objeto es trascendida, en la que hay un sentimiento de total participación del sujeto con los demás seres humanos y con el universo en general. También hay un sentimiento de lo que podemos llamar perfección última del universo: el hecho de que a pesar del dolor, a pesar de la muerte y a pesar de todos los horrores que nos rodean, el universo aparece de algún modo como perfecto. Así llega a darse una comprensión directa de cada frase que encotnramos, por ejemplo, en el libro de Job, frases que en nuestro estado ordinario desde luego no podemos entender. Cuando Job dice: “Aunque me mate confiaré en Él”, esto resulta incomprensible a escala biológica, ordinaria, cotidiana, pero se vuelve perfectamente comprensible a nivel místico, incluso cuando se trata de misticismo inducido.
“… la “enseñanza” de la droga no se dispensa de modo intelectual. En esta experiencia no se encuentra ningún elemento del tipo análisis de nociones, planteamiento de premisas, deducción, etc. Ni siquiera se puede hablar aquí de “meditación”, en el sentido de una reflexión intensa, sistemática y concentrada en un punto preciso, por ejemplo la resolución de una paradoja. Y es así porque -lo muestras todas las observaciones- las funciones propiamente intelectuales se ven perturbadas, a menudo incluso gravemente deterioradas, por el efecto de las drogas. Ningún razonamiento, pues, interviene aquí. Reina una especie de evidencia inmediata, que no tiene que justificarse, y contra la que el sujeto se encuentra, por un momento sin defensa. Las certezas irreflexivas, tácitas, inadvertidas como tales a fuerza de familiaridad, sobre las que descansa el comportamiento cotidiano ordinario, son brutalmente reemplazadas por certezas completamente diferentes, pero no menos impermeables a la duda y a la crítica. La persona sometida a la influencia de una droga no tiene ninguna “distancia” con respecto a las creencias que ésta inspira. La droga, de hecho, le dicta sus nuevas certezas a la manera en que el sueño hunde con autoridad al durmiente en un mundo completamente diferente de aquel en que se mueve habituamente. El efecto es de fascinación, no de persuasión inteligente.
“A causa de sus poderosos efectos de expansión de la mente, las experiencias psiquedélicas pueden romper las barreras emocionales y el empobrecimiento sensorial de los pacientes aquejados de cáncer. A lo largo de las sesiones, el campo de la consciencia se ve inundado de material emocionalmente muy cargado perteneciente al individuo y del inconsciente colectivo, así como de los órganos sensoriales , en particular el sistema óptico. Fascinantes despliegues visuales de formas y colores, sonidos y sensaciones extrañas, inundan la consciencia que antes estaba deminada por la insoportable monotonía del dolor. Al regresar de una sesión psiquedélica bien resuelta, el paciente puede recuperar de nuevo la riqueza de las experiencias sensoriales: la belleza de la naturaleza, los sonidos de la música, el sabor de la comida o elementos de las relaciones humanas. Dicha expansión de la consciencia, y del interés emocional, puede persistir a lo largo de días o semanas tras una sesión satisfactoria”
“La psicoterapia con LSD ciertamente implica todos los mecanismos que operan en los enfoques convencionales de psicoterapia, como los de recordar y revivir dramáticamente recuerdos traumáticos de la infancia, así como recuerdos reprimidos de la vida posterior, proporcionar visiones interiores emocionales e intelectuales, proporcionar experiencias interpersonales correctivas y facilitar la trasnferencia psicológica. Dichos mecanismos se ven muy intensificados en las sesiones psiquedélicas a causa del poder de amplificación del LSD. Sin embargo, el espectro completo de nuevos mecanismos terapéuticos, antes desconocidos, sólo puede comprenderse pensando en términos de una cartografia muy ampliada de la psique, que incluye los ámbitos perinatales y transpersonales así como el nivel biográfico de la psicoterapia convencional”