Jueves, 12 de agosto de 2010
Tat
“Si mantenemos nuestra atención fija en el mundo físico, no podemos ver a través de él. Sin hacer caso de nuestra información interior, consideramos nuestros cuerpecitos humanos como algo opaco y separado de nuestro Cuerpo total, el universo, que en consecuencia nos parece también separado y opaco. Algunos de nuestros poetas, sin embargo, no están tan engañados, ni tan encallados en el llamado sentido común, sino que abarcan la totalidad y celebran su transparencia. De su amigo muerto, escribió Rainer Maria Rilke:
“Pues estos valles umbríos y estas hierbas ondulantes
y estos arroyos de agua viva, eran su rostro”
pero no paró aquí su tarea de disolver el rostro y el cuerpo humanos: su misión declarada era ir y “volver la tierra en la que vivimos y por extensión el universo, invisible y así, trasladarlo a otro plano de realidad superior”. Para Rilke, este vacío omnipresente, nuestro rostro eterno, no tiene fronteras. Como dice de sí mismo Traherne:
“El sentido mismo era yo:
No sentía escoria ni materia ni alma,
ni límites, ni bordes, como vemos en un cuenco.
Mi esencia era capacidad”
Y en un pasaje más conocido: “Nunca gozamos debidamente del mundo, hasta que el mismo mar corre por nuestras venas, hasta que el firmamento te viste y te coronan las estrellas”. Todo ello no es sino la experiencia del satori en el Zen; tan solo el lenguaje cambia un poco. En el momento del satori, ocurre una explosión y el hombre no tiene sino al universo como cuerpo. “Siente que su cuerpo y mente, la tierra y los cielos, se funden en todo, pero alerta y totalmente despierto”, dice el maestro Po Shan:
“Toda la tierra no es sino uno de mis ojos,
una chispa de mi luz radiante”
Douglar E. Harding
Del libro “Vivir sin cabeza”
“La paciencia es más que el oro:
puede vencer a Dios mismo y traer a mi corazón todo cuento tiene y es”
Angelo Silesio
Domingo, 25 de julio de 2010
Tat
“La esencia del valor es vivir sin engañarnos. Sin embargo no es fácil observar con sinceridad lo que hacemos. Vernos con claridad es al principio molesto y embarazoso. A medida que aprendemos a vernos con más claridad y a ser leales, empezamos a percibir cosas que preferiríamos negar: nuestra sentenciosidad, mezquindad y arrogancia. No se trata de pecados sino de hábitos temporales de la mente que pueden desaparecer. Cuanto más los conozcamos, más débiles se volverán. Así es como llegamos a confiar en que nuestra naturaleza básica es extremadamente sencilla y carece de la lucha entre el bien y el mal”
Pema Chödron
Del libro “Los lugares que te asustan”
“La práctica de la meditación es un buen sistema,
en realidad excelente, para eliminar las guerras del mundo:
tanto las pequeñas guerras personales como las del planeta”
Chögyam Trungpa Rimpoche
Miércoles, 14 de julio de 2010
Tat
“Si no era capaz de prestar atención a un detalle tan simple, ¿cómo podría prestar atención a terrenos interiores todavía más sutiles y delicados? Todas las enseñanzas estaban de acuerdo respecto a esto y mi práctica den el dojo, donde reinaba un rigor absoluto, no debía esfumarse en el momento en que me quedaba solo en la vida cotidiana. Lo que parecía anodino, incluso insignificante, asumía así un carácter de gravedad cuando se contemplaba desde una perspectiva muy diferente. Por ejemplo, en el aprendizaje de la vía del samurái la negligencia o la aproximación es difícilmente tolerable. En ese contexto de vida y de muerte, la lección era evidente; tenía que hacer la transposición al contexto de lo cotidiano porque también había una vida y una muerte espiritual. Esta lección concreta me llegó directa al corazón. Ese gesto preciso tendría gran importancia en la continuación de mi camino y muchos años después sería también una ayuda muy valiosa en el momento de crear un ashram en Quebec. Si cada detalle no fuera importante, ¿por qué entonces Arnaud Desjardins puso un día una piedra en un papel grasiento que encontró en el suelo delante del ashram para ver después cuanto tiempo alguien se prestaría a recogerlo? La atención puesta en cada una de las pequeñas acciones es un denominador común en todas las vías. Y sabios, incluso de la importancia de Ma Anandamayi (Amma), insistieron mucho en recalcar este aspecto. Un día, cuando Ma ya era muy conocida, uan joven de su ashram tiró unos granos al vaciar el agua del arroz en el arroyo. Cuando lo supo Ma, le dijo: “Si lo vuelves a hacer, iré a comerlos ahí donde estén”
Eric Edelmann
Del libro “Mangalam”
“Si ven a un joven trepar por él mismo hasta el cielo,
agárrenlo por la pierna y háganlo bajar”
Sentencia de los Padres del Desierto