
“El Espíritu (purusa) que juega,
El Espíritu que suspira,
El Espíritu que todo lo crea con la imaginación (yoga-maya)
Se abandona a la felicidad (ananda) del amor
Rodeado de los frutos de su creación (pakriti)
Se recrea en un beso…
Cegado por su belleza, se agita, juguetea, baila, gira…
Él, libre en este juego (lila), es todo arrebato, todo alegría,
Libre, divino, en esta lucha de amor.
En la maravillosa grandeza de esta clarividencia sin sentido,
Y en la unión de las aspiraciones contrarias (dvandva)
Aislado en la conciencia, aislado en el amor,
El Espíritu comprende la naturaleza (svabhava) de su divino ser…
¡Oh, mi mundo, mi vida, mi salud, mi éxtasis!
Cada momento Tuyo yo lo invento
Negando todas las formas he vivido antes:
Soy negación eterna (neti, neti)…
Él alza un rápido vuelo, mientras se asfixia en su torbellino
Disfrutando esa danza, dominado por el éxtasis.
En este incesante cambio (samsara, nitya bhava),
En este divino vuelo sin sentido (niskama)
El Espíritu se abarca a Sí mismo.
En el poder del la voluntad, solo (kevala), libre (mukta),
Creándolo-todo, todo-Irradiándolo, todo-vivificándolo,
Divinidad jugando con la multiciplidad de las formas (prapanca),
Él se abarca a Sí mismo…
Yo habito ya en tí, ¡oh, mi mundo!
Tú sueñas conmigo – era yo viniendo a la existencia…
Y tú lo eres todo – una ola de libertad y felicidad
Mediante una confianza general (maha-pralaya)
el universo (samsara) se abraza.
El espíritu está a la altura del ser, y siente la marea que nunca cesa
Del divino poder (sakti) del libre deseo. Él es todo osadía:
Lo que fuera amenaza, ahora es entusiasmo,
Lo que atemorizaba ahora deleita…
Y el universo resuena con el alegre grito de “Yo Soy”
Ananda K. Coomaraswamy
Del libro “La danza de Siva”